Biombo de una fiesta en un jardín, Ciudad de México 1700

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miércoles, 27 de julio de 2016

El periódico "La Sociedad" y la interpretación de la legitimidad política de México, 1857-1867

Alejandra López Camacho

Interpretación es siempre algo que tiene dos caras o aspectos: comprender y expresar. Si el intérprete ha comprendido mal, expresará mal, pero sólo en la expresión podrá juzgarse y tratar de probarse que ha comprendido mal.[1]

Sobre el tema y la problemática en el léxico de la época

En un periodo de vaivén político como lo fue la segunda mitad del siglo XIX, la aclaración, justificación y definición de las palabras e ideas resulta compleja si tenemos en cuenta que el léxico utilizado por los grupos políticos para discutir, hacer política, definir a un partido y escribir en un periódico, cambiaba al ritmo que mudaban los grupos políticos en el poder. En ese sentido cabe advertir que los conceptos de la época están influenciados por ideas, creencias y corrientes políticas: liberales, conservadoras, democráticas, federalistas, centralistas, progresistas y moderadas.


       Sí bien es complejo entender la historia política del siglo XIX mexicano por los frecuentes
cambios en los sistemas de gobierno, en las legislaciones y en las personas que ocupaban el poder, más complicado resulta analizar el léxico utilizado por la gente del ambiente ilustrado que leía, escribía, participaba en la política, debatía y discutía en torno del porvenir de México. En ese contexto, cuestiones cotidianas como fueron las comunicaciones escritas de un diario adquieren suma importancia para la historia de las ideas políticas.

La sección editorial del diario La Sociedad,[2] punto de enfoque del presente estudio, es un testimonio de significativa importancia para la historia de las ideas políticas en México. “El discurso es el vehículo privilegiado para acceder al imaginario: son los “lenguajes políticos” los que definen los “grandes temas” que enmarcan y dan forma al debate de una época.”[3] Pero si bien los conceptos políticos contenidos en los editoriales muestran la cultura del debate de un grupo de personas del ambiente periodístico y político, también revelan el devenir de una sociedad cuyas formas de vida se vieron perturbadas a consecuencia de los cambios suscitados a lo largo de la primera mitad del siglo XIX.

Los debates en torno a la significación de las palabras fueron una constante en el discurso periodístico de la segunda mitad del siglo XIX. El análisis de los conceptos y la interpretación de los mismos permitían el debate entre los que participaban en la política y discutían en torno del porvenir de México. Sin embargo, la falta de coincidencia en la interpretación de los conceptos hacía que el sentido de las palabras se tornara confuso. A esto se agrega que en la mentalidad de algunos grupos políticos, como los conservadores que integraban La Sociedad, persistían significaciones del Antiguo Régimen.

A decir de este grupo político y periodístico, el sentido de los conceptos se había deformado y dentro de ese nuevo sentido, ingresaban las significaciones falsas y caprichosas que servían a los intereses “...de los hombres y de los partidos que alternativamente dominan en el campo de la política o en las regiones del poder”.[4] Esta nueva significación de las palabras fue interpretada como “una especie de mercado en el cual se trafica con la credulidad, con la ignorancia y con las pasiones del vulgo”,[5] lo que daba lugar a que los conceptos se transformaran en vanas apariencias, decían los periodistas. Así llegaban a afirmar que las palabras ya no eran respetadas en su significación antigua, por el contrario, resultaban palabras acomodaticias, fórmulas oficiales que,

…emplean indistintamente todos los que se hallan en posición dominante para exigir la obediencia, la consideración, el respeto de los demás, y para dar un carácter de justicia y de conveniencia a los actos y medidas de represión y de seguridad, cuyo objeto no es muchas veces otro que el de sostener esa misma dominación.[6]

Ese sentido ambiguo en las palabras fue apreciado por los periodistas como un intento de dominio social y político por parte de quienes habían permanecido en el campo del poder y como una falta de respeto al lenguaje utilizado por la misma sociedad. Es decir, se trataba de significaciones demagógicas impuestas sobre lenguajes que pertenecían a un orden anterior. Esto finalmente constituía una negociación política para ganar credibilidad, a más de tratarse de un periodo en transformación política y social. ¿Qué envolvía esto? Básicamente una lucha por la legitimidad del lenguaje, de las creencias, de los hábitos y las costumbres y desde luego, la lucha por la legitimidad de una sociedad y una autoridad que se apreciaban degradadas. 

Se quiere persuadir por lo común que la sociedad está interesada en mantener una situación de la que sólo unos cuantos reportan todas las ventajas, todos los beneficios, en tanto que los demás se ven privados de todos los derechos, de todas las garantías que son el fin de la misma sociedad; y se interpreta por sentimiento y conformidad el silencio y la sumisión forzada y pasiva, que no es muchas veces sino el resultado del decaimiento y de la debilidad. En el último periodo de la dominación demagógica se ha visto hasta que punto se puede abusar del sentido de la palabra “orden público”: ella, en la boca de ciertos hombres, es un verdadero contrasentido, un insultante sarcasmo.[7]

Lo que existió por lo tanto fue una lucha político ideológica entre las facciones; lucha que involucró la manipulación de la voluntad nacional. De esta forma, si un partido confería un significado a las palabras, el partido opuesto le haría sentir su error y al mismo tiempo demandaría su propia significación o en su caso debatiría el sentido de un concepto. Y en esa lucha por la significación de las palabras, la persuasión fue el elemento fundamental, la llave de la dominación, la clave del silencio.

Los periódicos de la segunda mitad del siglo XIX y en específico de la década de 1857 a 1867, son registros importantes para el estudio de las acciones, los proyectos, los deseos, los fracasos y por supuesto, las ideas de quienes empuñaron la pluma y capitanearon la edición. Los discursos periodísticos del diario La Sociedad son testimonios de significativa importancia para la historia de las ideas políticas en México. Y a la par muestran las preocupaciones de un grupo de personas del ambiente periodístico y político y el devenir de una sociedad cuyas formas de vida se vieron perturbadas a consecuencia de los cambios provocados por las Leyes de Reforma, la Constitución de 1857, la guerra civil, la intervención y el Imperio.

Si bien la idea de la legitimidad política está presente en La Sociedad, a esto se agrega la presencia de conductas y creencias católicas de quienes a través de la tinta y el papel hicieron palabras sus comportamientos políticos. Tal es el caso de los periodistas del diario para quienes la Divina Providencia constituyó el principio de autoridad y los principios señalados por la religión católica, las leyes divinas emanadas de aquella autoridad. Esto no necesariamente quiere decir que los proyectos representados en los editoriales se practicaran, importa decir que pertenecieron a imágenes, recuerdos, expresiones y realidades culturales de las comunidades a las cuales se debían y estos a su vez definen una intencionalidad que obedece a tradiciones, costumbres, creencias y en fin, a conductas y formas de vida que pretenden ser explicadas.

Tratar de acercarse a la interpretación de legitimidad política en los años que van de 1857 a 1867 y sobre todo, a través del discurso periodístico conservador, representa recapacitar sobre el tipo de personas que escribían en la publicación. Representa además, reflexionar sobre los principios conservadores que sostenían la publicación y desde luego, reparar en que las creencias religiosas y el poder religioso no estaban desprendidas de la política mexicana. La década de 1857 a 1867, es el tiempo cuando se promulga la Constitución de 1857 y cuando aparece el Plan de Tacubaya que desconoce aquella legislación. Es igualmente el periodo de la guerra de Tres Años, cuando van a estar en el poder Benito Juárez, Félix Zuloaga, Miguel Miramón y Maximiliano de Habsburgo. Y en ese transcurso, periódicos de tendencia conservadora como La Sociedad de la ciudad de México aparecieron con un propósito: contribuir en la construcción de la legitimidad política de México para cortar el mal hecho por la demagogia que había aplaudido la Constitución y había arrastrado a la nación a una guerra social, según determinaron los periodistas el 27 de diciembre de 1857, fecha de reaparición del periódico.[8]   

A decir de Reynaldo Sordo Cedeño, el término conservador es ambiguo y se presta a confusiones. De ahí que, dice Cedeño, “normalmente se le confunda con tradicionalista, retrógrado o reaccionario, eso si nos movemos en el campo de la ciencia política, porque si nos movemos a otros campos, como el de la economía, tenemos el paradójico resultado que al defensor de las ideas liberales del más puro laissez-faire se le cataloga como un conservador.”[9] Sin embargo, a partir de la lectura y análisis del discurso político de La Sociedad, es necesario considerar que el conservadurismo, representado por este grupo, tuvo el propósito, como otros grupos políticos, de colaborar en la construcción de la estabilidad, pacificación y orden que el país necesitaba para establecer  la suspirada legitimidad política.

De esta forma hemos de enfrentarnos con un conservadurismo que si bien lucha por la conservación de sus creencias religiosas y de sus privilegios, también lucha por establecer unas leyes y un orden adecuado a las circunstancias del momento, sea bajo la república o la monarquía. Para el conservador de La Sociedad, las transformaciones no sólo no debían ser violentas, sino que no podían tocar ciertos principios e instituciones como la Iglesia y las creencias religiosas, entre otras cosas. Dentro de este aspecto ha de tenerse en cuenta que este grupo político se identificará más con un conservadurismo que tiende a preocuparse por la práctica que por la teoría. Así este grupo conservador, como dice Sordo Cedeño en relación al pensamiento de Edmund Burke, creerá en un designio divino que rige la sociedad y que los problemas políticos son problemas religiosos y morales. Creerá también como Burke, que la sociedad civilizada requiere de órdenes y clases y en que la igualdad económica no implica progreso económico.[10]

Así, para La Sociedad un gobierno conservador gozaba de legitimidad política siempre que reuniera esta serie de características y respetara el orden social. De este modo, el conservadurismo que estaría presente en la publicación se ampararía en la Historia y en la experiencia como principio de las bases sociales. De ahí que los cambios propuestos por el gobierno tenían que estar basados en la experiencia histórica y en la prudencia, como también señala Reynaldo Sordo.[11] Y a decir de Javier Rodríguez Piña “las expresiones políticas conservadoras las podemos encontrar fácilmente enraizadas desde el proceso mismo de la independencia. Tanto el Plan de Iguala, como los Tratados de Córdoba y, desde luego, el efímero Imperio de Iturbide.”[12]  

            En suma hemos de decir, utilizando palabras de Rodríguez Piña, que dentro de los materiales más propicios para estudiar el conservadurismo, “la fuente más propicia la constituyen los periódicos. Es en ellos donde se plasman y se debaten las ideas y los principios, y es a través de ellos que se puede reconstruir el contexto en el cual se desarrollaban los acontecimientos.”[13] Así precisamente a partir de los textos de La Sociedad y particularmente de lo que podemos describir como palabras-tema, pretendemos realizar un acercamiento, centrándonos en el tema de la legitimidad política, con una doctrina política que ha sido tachada de “reaccionaria y antiliberal” por la historiografía positivista heredada del Porfiriato.[14]

Repensar la legitimidad política de México a través de La Sociedad.
La atención prestada a las palabras y a los valores propios de los actores concretos de la historia es una condición necesaria para la inteligibilidad. Hay que aprehenderlos en el contexto en el que se utilizaron, sin pasar por alto las ambigüedades que llevaba consigo el hecho de que las palabras antiguas eran las únicas disponibles, en la época revolucionaria, para describir y entender situaciones políticas y culturales radicalmente nuevas.[15]

Hablar de la legitimidad política de los gobiernos mexicanos, a través del discurso periodístico de La Sociedad en los años que van de 1857 a 1867, es aludir a una familia de conceptos estrechamente relacionados con una preocupación política esencial de la época: la creación de un gobierno con autoridad y respeto.[16]  Es también referirse a una cultura de ambigüedades léxicas, interpretada como la falta de concordancia entre símbolos y significados, conceptos e interpretación de los mismos.

Analizar la legitimidad política de México, vía editoriales decimonónicos, requiere tener en cuenta las nuevas y viejas interpretaciones de los conceptos utilizados para hacer política. Esto es necesario en la medida que permite observar los mecanismos de transición en la significación de las palabras. Así precisamente, un aspecto que van a mostrar los editoriales será la diversidad de interpretaciones de lo que se consideraba legítimo,[17] aunado a la problemática de la inestabilidad política de México, resultante del enfrentamiento de las distintas perspectivas de cómo debía ser el Estado y de lo que hacía o no legítimo a un gobierno. Y en esto interviene la falta de concordancia entre leyes y tradiciones, ideologías y creencias religiosas, antiguos y nuevos lenguajes.

En consecuencia los editoriales van a mostrar un lenguaje político mezclado con otro religioso. Así se hablará de castigos y perdones divinos y humanos, de periodos de luz y momentos de tinieblas. Se establecerá que es el dedo de Dios el que determina el camino de las sociedades en el porvenir y que los gobiernos sólo son instrumentos de su justicia y su castigo. A partir de ahí, conceptos y discursos tratarán de explicar y juzgar la realidad desde un punto de vista político-religioso. Fernández Sebastián señala que “el lenguaje de una época y su semántica, nos dice mucho sobre el modo en que los hablantes pensaron las cosas en un momento determinado”.[18] Conviene pues recapacitar en el problema que enfrentó el grupo que integraba La Sociedad, en su propósito por cooperar en la instalación de la legitimidad política de México.

En consecuencia es necesario comprender “desde dentro”,[19] las prácticas de uso de cada uno de los términos que estuvieron estrechamente unidos con la legitimidad política de los gobiernos mexicanos durante la década de 1857 a 1867. Pero para ello es necesario comprender que es una palabra tema.

Las palabras-tema y su conteo
Hay palabras que han ejercido mucha influencia en la suerte del mundo; palabras que tienen el privilegio, más que de significar una idea, de representar una situación entera, próspera y venturosa; de excitar en el corazón del hombre una serie de sentimientos elevados, simpáticos y generosos, que a su sola voz vibran, y a su voz ponen en movimiento.[20]

En primera instancia podríamos decir que una palabra es aquello que nos sirve para comunicarnos oral o gráficamente. En nuestra vida diaria hacemos uso de una extensa gama de palabras, es decir, de signos, señales, símbolos, grafías e imágenes que nos permiten socializar, participar y compartir experiencias. No obstante, las palabras no nos servirían si no comprendiéramos su significado. Sin embargo, debe repararse en que esos significados varían de acuerdo a la situación en que operan. Es decir, existen palabras que nos sirven para comunicarnos en la ciencia, la química y la física y otras que nos sirven para hacer política, por ejemplo.

Dentro de cada área es común el uso de determinadas palabras que abarcan temas, es decir, contenidos y argumentos que identifican un discurso y un periodo. Dentro del terreno político, existen palabras que contienen argumentos a debatir, a discutir, a objetar, como son, para el caso de este estudio, los términos: “regeneración”, “sociedad”, “monarquía”, “conservador”, “ley”, “orden público”, “justicia”, “independencia” y “voluntad nacional”. Pues bien, estas palabras son importantes debido a que la inestabilidad político-social que existía desde la emancipación de España había dejado un enorme vacío en relación a leyes, formas de gobernar, creencias y costumbres. Esto provocó que en 1857, tras la promulgación de la Constitución de 1857, que a decir de La Sociedad promovía cambios violentos, se formaran discursos políticos en torno a la defensa de un orden anterior y por otra parte discursos que defenderían ese nuevo orden de cosas.   

En la historia de las ideas políticas, las palabras tema deben ser vistas como palabras que constituyen realidades. Sin embargo, cabe señalar que en política las palabras tema no mantienen una significación enciclopédica o general. Por el contrario, adquieren significados, dependiendo de la postura política de quien las utilice y dependiendo de los distintos procesos históricos. O, en palabras de Javier Fernández Sebastián, “sólo el uso consagra y determina el sentido provisional y fluctuante, de las palabras.”[21] ¿Con qué fuentes acceder al estudio de las palabras tema? Una vía son los discursos periodísticos, sin embargo, debe tomarse en cuenta que “un periódico tiene valor comunicativo limitado a la fecha o a días de su aparición.”[22] En consecuencia su valor significativo es temporal, es decir, responde a periodos, a momentos.

            De este modo, el conteo de palabras tema en este trabajo responde, en primer lugar al discurso periodístico y en segundo, a una etapa de la historia, la década de 1857 a 1867. Uno de los primeros rasgos de este periodo será la transición en la significación de las palabras utilizadas para hacer política. De ahí la importancia que adquiere contar y analizar aquellas palabras que en determinado momento fueron muy recurrentes por los periodistas, debido a la carga significativa que contienen y en otro se moderen o suspendan. El conteo de palabras tema ayuda a identificar, por medio de gráficas estadísticas, aquellas palabras que en la década en cuestión constituyeron una preocupación política, un asunto a debatir, un asunto público. Se trata sobre todo de una representación léxica que nos permite visualizar las altas y bajas en el uso de las palabras tema y que fundamentalmente están relacionadas con la construcción de la legitimidad política. 

            Referente a las palabras tema que se tomaron en cuenta para este estudio y las gráficas que se elaboraron en torno al conteo, intervienen aquellas que cobran suma importancia para los periodistas y que fueron palabras a debatir, palabras sobre las cuales recaía el pasado y el porvenir de la política mexicana. Palabras cuya problemática encerraba la permanencia y moderación en sus significados y que finalmente constituían realidades. Palabras polémicas, cuyo sentido buscó fijar La Sociedad. Cabe señalar que estas palabras tema fueron seleccionadas de entre un total de cuarenta palabras que giran alrededor de la vida política decimonónica. Se trata de palabras cuyos sentidos se estaban transformando y por lo mismo fueron muy recurrentes en los editoriales.[23] Palabras cuya importancia radica en la creación de una estabilidad política para el México. Sin embargo, la clara frecuencia de determinados conceptos evidencian el nuevo sentido que estaban adquiriendo las palabras y el desafío a que se enfrentaron los periodistas por retener o en su caso moderar el cambio en la significación de las palabras.

Las gráficas

Las gráficas contenidas en este trabajo, resultante del conteo de palabras tema, descubren un vocabulario político con miras a legitimar los propósitos coyunturales de un grupo conservador y en conjunto reseñan la frecuencia a ciertas palabras que exhiben  la transformación del lenguaje político-conservador de la década de 1857 a 1867.[24] Advierten además, las necesidades políticas de un determinado momento y la traducción de esas necesidades en desahogo, consuelo y tranquilidad o por el contrario, en preocupación. Esto no implica que los conceptos utilizados en un momento determinado dejen de registrarse. Inversamente, descubren los cambios socio-políticos y la adaptación de esos conceptos a nuevas situaciones políticas y sociales.  

La primera gráfica, que abarca el periodo republicano y la intervención francesa (1857-1863), exhibe una necesidad: establecer una sociedad que asegure el orden público y la aplicación de la ley. Revela además un periodo de conflicto político, donde las principales exigencias de quienes escribían serían debatir sobre el significado de los conceptos que tenían relación con lo público, con el “buen gobierno” y el “bien común”. La segunda, que abarca el Segundo Imperio (1864-1867), manifiesta la libertad de discutir sobre el sistema monárquico de gobierno y sobre la independencia de México dentro de aquel Imperio donde la ley, el orden y la justicia dejarían de ser las principales demandas. No obstante, será durante este periodo cuando el concepto de voluntad nacional adquiera trascendencia, sobre todo en 1864 y esto responderá a la unidad que los periodistas van a establecer entre aclamación del imperio y recuperación de la voluntad nacional, como se verá en el cuarto capítulo. A lo largo de estos años, los editoriales van a reflejar un rasgo fundamental de la época: la lucha por la significación de las palabras.

La cuestión de la legitimidad política no puede explicarse por sí sola, sino a través de aquellos principios que atañen directamente a la naturaleza de una sociedad. En el periódico La Sociedad esos principios responden directamente a una doctrina política conservadora. Así se entiende que cada una de las palabras tema que aparecen en los editoriales, manifiesten resistencia a las ideas liberales, a la demagogia, a los cambios violentos, a la libertad de cultos, a la Constitución de 1857 y a las Leyes de Reforma, entre otras, por considerarlas contrarias a la naturaleza la sociedad.


A manera de conclusión

...se trató de difundir la idea de que el partido conservador o reaccionario era el único que simpatizaba con la intervención europea, a que se dio el carácter de invasión armada y conquista del país, haciendo figurar a España como reconquistadora y única y verdadera nación interesada en la empresa.[25]

La segunda mitad del siglo XIX es un periodo de luchas políticas que abarca la disputa por el léxico utilizado por los diferentes partidos para discutir, hacer política, definir sus posturas y escribir en un periódico. La Sociedad es clara muestra de los debates existentes en torno a la definición, aclaración, información y justificación de los términos que se utilizaban para hacer política. Ahí está presente la lucha por la significación de las palabras. La proclamación de las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857, alteraron el significado de las palabras utilizadas para hacer política, menester de los periodistas fue imponer una significación de las palabras para asegurar que fueran congruentes con sus intereses y con los hábitos y costumbres de los mexicanos. Es decir, la intención sería restaurar aquellos principios “que sirven de cimiento a la sociedad”[26] y que, a decir de La Sociedad, la democracia tendía a romper, como la unidad religiosa, el principio de autoridad, la moral y la unidad entre potestades civil y eclesiástica y entre leyes divinas y humanas. Claro que esa recuperación respondió a la misma postura conservadora de los periodistas.

Desde la reaparición de La Sociedad en 1857, los periodistas consideraron que las tradicionales interpretaciones de los conceptos políticos, que indudablemente estaban ligados a un lenguaje religioso, otorgaban legitimidad al lenguaje utilizado para hacer política. Sin embargo, los partidos que alternativamente habían dominado la política habían manipulado los conceptos y les habían otorgado una significación falsa. De este modo habían jugado con la credulidad e ignorancia de la gente y al hacerlo, habían alterado el sentido de los conceptos en su significación tradicional, es decir, la significación legada por un orden anterior, por el orden virreinal. Esto provocó, según La Sociedad, una desestabilización del lenguaje utilizado para hacer política. ¿Por qué? Como se ha dicho a lo largo de la tesis, porque estas significaciones acarreaban los cambios violentos, la anarquía y el desorden, afectando no solo el vocabulario, sino a la vida diaria. De ahí que si miramos el discurso periodístico de la segunda mitad del siglo XIX de tendencia conservadora, hemos de encontrarnos con un discurso que sobre todo intenta salvar las significaciones de las palabras en lo que se consideraba una acepción anterior, una significación considerada legítima porque estaba ligada a “sus hábitos monárquicos o virreinales y su religión católica.”[27] De lo que se trató entonces fue de frenar la entrada de las nuevas significaciones de las palabras que intentaban modificar el curso de los acontecimientos y en ello intervienen las ideas liberales.

En ese sentido, para los conservadores que integraban La Sociedad, tan significativo fue aclarar los conceptos utilizados por ellos mismos, como también hacerle ver a su opuesto en el error en el asunto interpretativo. Y es ahí precisamente donde las mismas palabras adquirieren sentidos distintos según principios conservadores, liberales y moderados, entre otros. De ahí que es importante considerar las polémicas en torno de las diferentes interpretaciones de las palabras y de ahí establecer parámetros en las interpretaciones de las palabras de los discursos periodísticos del siglo XIX.

Ahora, para La Sociedad el discurso demagógico fue ilegítimo por varias razones: en primer lugar porque había motivado la corrupción de las ideas y en segundo porque había atacado las creencias religiosas y las costumbres. Y en esa lucha que retrataron como un enfrentamiento entre la verdad y el error, “de los deberes contra las pasiones, lucha tenaz y encarnizada”,[28] los periodistas consideraron que las verdaderas interpretaciones de las palabras triunfarían en algún momento en que las circunstancias resultaran propicias. Por lo que desde 1857, fue indispensable armar un discurso de oposición que promoviera la reflexión sobre la importancia de conocer el “verdadero” sentido de las palabras. Claro que para los periodistas el único sentido verdadero fue “su” interpretación de las palabras, porque era resultado de esas “voces al principio tímidas y después bastante enérgicas en defensa de los intereses legítimos y permanentes de la sociedad”.[29] Y eran legítimas y permanentes porque esa interpretación respondía a la historia, al pasado, a la salud de las ideas y al adecuado ordenamiento político, social y religioso. En consecuencia la interpretación proporcionada por sus opuestos políticos se estimaría deformada y alterada, porque pertenecería a ideas demagógicas e inmorales.

Sin embargo, si durante el periodo de 1857 a 1863 el significado de las palabras se debatió entre la recuperación y los cambios moderados, la llegada de Maximiliano representó, hasta el primer año de su gobierno, la consolidación de las significaciones de las palabras. En primer lugar porque respondía a la historia, a la experiencia y en segundo a los designios divinos y a una forma de gobierno que representaba la unidad, la paz y el orden. Ahora, si durante los años republicanos los periodistas buscaron la recuperación de los significados de algunas palabras como “sociedad”, “regeneración”, “orden público”, “justicia” y “ley”, es porque en estos estaba presente el rechazo al individualismo y a la desunión que promovían las nuevas ideas. Y, porque además en ello se buscaba el estudio de las prácticas de vida pasadas, es decir, de las formas de desarrollo de los distintos regímenes de gobierno a partir de la independencia y de las formas como ese desarrollo había afectado a la sociedad. 

Cabe recordar que los periodistas de La Sociedad no estaban enemistados con el sistema de gobierno republicano. Reconocían sus beneficios, el problema radicó en la incompatibilidad que se observaba de este tipo de gobierno y la noción defendida de México como “nación hispanoamericana” de raíces monárquicas. De ahí que en determinado momento buscarán un modelo de nación en las tierras de occidente de raza latina y creencias católicas y específicamente de Francia y España. Y es que lo republicano invitaba a la democracia, a la anarquía, al desorden, mientras que la noción de “nación hispano-americana” recordaba el orden, el pasado, la unidad y la conservación de las tradiciones. A decir de La Sociedad, la “democracia” no participaba de lo “conservador”, porque lo conservador remitía a las costumbres, a los cambios paulatinos, a las cuestiones sociales, a la unidad y a lo que en otras palabras constituía el “respeto” por la entidad que representaba México. Ese México independiente que era hijo de España y que como tal, reconocía su origen. En tanto que “democracia” remitía a la anarquía, a los cambios violentos, a la división, a la sangre, al desorden, a la falta de autoridad y en definitiva, a la ruina y establecimiento de un elemento confuso en la marcha del gobierno y de la sociedad.     
Por otra parte, cuando los periodistas proponen la observación del pasado, lo que también intentaban recuperar era el sentido de la corporación, de la comunidad y del bien común. Y es que la sociedad con sus cuerpos y jerarquías, era obra de Dios, de ahí que lo que se excluía era la idea de un pacto voluntario contraído entre individuos iguales, según se ha visto. No obstante, a pesar de que durante el primer año del Imperio se consideró que México había iniciado su camino en la senda correcta que señalaba la experiencia de lo pasado, de ese pasado monárquico, los siguientes años trajeron consigo la duda sobre el porvenir del Imperio y en ello estuvo presente la incertidumbre hacia ciertas palabras que en sí constituían una realidad como “monarquía”, “justicia divina”, “voluntad nacional” e “independencia”, ideas que representaban los designios de la justicia y la voluntad divina y que además respondían a la Historia. 

Más, la importancia que adquiere el discurso periodístico conservador de la segunda mitad del siglo XIX radica en la necesidad que tuvieron los redactores, políticos y miembros del clero que integraban La Sociedad, de buscar el sentido “verdadero” de las palabras. ¿Por qué? Principalmente porque esto ayudaría a legitimar formas de vida pertenecientes a un orden anterior donde intervenía una cultura monárquica, católica y de habla hispana, una estratificación social, un orden político jerarquizado y un poder aceptado por tradición y por herencia que en definitiva representaba a una comunidad. En ello debe reconocerse el esfuerzo de estos personajes que se vieron insertos en un momento en que el lenguaje político atravesaba por una transición. Se daba paso de una cultura católica y tradicional a una cultura donde se buscaba la separación Iglesia Estado, la tolerancia de cultos, la educación laica, la democracia y la igualdad, entre otras cosas. Así justamente, la necesidad de esclarecer el sentido de las palabras radicó en la necesidad de legitimar un sistema de gobierno y un sistema social, que, aunque bien podría decirse que se estaba volviendo obsoleto, para los periodistas de La Sociedad no lo era.

En ese sentido resulta interesante examinar los mecanismos de disposición de las ideas políticas en los discursos de La Sociedad, en ellos se advierte una suerte de lenguaje religioso, científico, médico y lógico. Se habla de males o enfermedades que aquejan al país, pero también se habla de remedios y reparaciones. Se establecen medidas comparativas entre naciones y al mismo tiempo se establecen predicciones de lo que puede suceder si no se estudia el pasado y el transitar de otras naciones y si no se siguen las medidas correspondientes en el presente a partir de la observación de conductas pasadas. Así en definitiva, la finalidad fue asegurar la marcha positiva de México en el porvenir, su progreso y estabilidad política.





Conteo palabras tema, 1857-1863
La Sociedad
(Gráfica 1)





Conteo palabras tema, 1864-1867
La Sociedad
(Gráfica 2)




Conteo palabras tema, 1857-1867
La Sociedad
(Gráfica 3)

 Hemerografía

La Sociedad. Periódico político y literario, 1857-1867.

Bibliografía

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[1] Gomis Lorenzo. Teoría del periodismo. Cómo se forma el presente, España, Paidos, Ibérica, 1991, p. 36.
[2] El periódico La Sociedad, fue una publicación conservadora de la segunda mitad del siglo XIX. Apareció por primera vez el primero de diciembre de 1855, tres meses después de finalizar la Revolución de Ayutla y posterior a la expedición de la Ley Juárez del 23 noviembre de 1855. En su primera etapa desapareció el 8 de agosto de 1856 y reapareció el 26 de diciembre de 1857, del 17 al 21 de enero de 1858 Ignacio Comonfort volvió a prohibir su aparición. Durante la guerra de Tres Años nuevamente cesó sus trabajos el 24 de diciembre de 1860, por la entrada de las tropas liberales a la ciudad de México y reinició labores el 10 de junio de 1863, al arribo del Ejército francés. Del 12 al 20 de junio de 1863, nuevamente suspendió labores, para después reaparecer y continuar hasta el 13 de julio de 1866, cuando avisó que dejaría de publicarse por un mes. El 14 de julio de 1866 nuevamente cesó sus trabajos y los reinició el día 31 hasta el 31 de marzo de 1867. En La Sociedad participaron, además de los trabajadores cuyos nombres no aparecen o sólo se mencionan esporádicamente como los corresponsales, los editores: Félix Ruiz, Francisco Vera Sánchez, F. Escalante y José María Roa Bárcena y los impresores: José María Andrade y Felipe Escalante y Miguel María Barroeta. Cuenta con textos de José María Esteva, Juan Nepomuceno Almonte, Manuel Orozco y Berra y del propio emperador Maximiliano I, entre otros, ver: Sánchez Mora, José Luis. Maximiliano y la prensa conservadora: el diario La Sociedad. Crónica periodística de una desilusión, junio de 1864 – mayo de 1865. México, Universidad Nacional Autónoma de México- Facultad de Filosofía y Letras, 1985, varias páginas, en: Castro, Miguel Ángel y Curiel, Guadalupe. Publicaciones periódicas mexicanas del siglo XIX: 1856-1876 (Parte I), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2003, p. 554-556.
[3] Para mayor información sobre el tema del “imaginario” véase: Pani, Erika. Para mexicanizar el Segundo Imperio. El imaginario político de los imperialistas, México, El Colegio de México-Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2001, p. 24..
[4] F. V. Sánchez (Editor responsable), “Cómo se entiende el orden público”, La Sociedad, Sección Editorial, T. 1, Número 124, México, miércoles 5 de mayo de 1858, p. 1.
[5] Ibidem.
[6] Ibidem.
[7] Ibidem.
[8] Vera Sánchez, Francisco, “Segunda época de La Sociedad”, La Sociedad, T. 1, Núm. 1, México, sábado 26 de diciembre de 1857, p. 1.
[9] Sordo Cedeño, Reynaldo, El pensamiento conservador del partido centralista en los años treinta del siglo XIX mexicano, en Morales Humberto y William Fowler (coord.), El conservadurismo mexicano en el siglo XIX (1810-1910), México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Saint-Andrews University, Scotland, U. K. y Secretaría de Cultura, Gobierno del Estado de Puebla, 1999, p. 135.
[10] Ibidem, p. 137.
[11] Ibid, p. 138.
[12] Rodríguez Piña, Javier, “La prensa y las ideas conservadoras a mediados del siglo XIX. Los periódicos El Tiempo y El Universal”, en Castro, Miguel Ángel (Coord.), Tipos y caracteres: la prensa mexicana (1822-1855), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2001, p. 255.
[13] Ibidem, p. 254.
[14] Fowler, William, “Presentación”, en Morales Humberto y Fowler, William, op. cit., p. 9.
[15] Guerra, Francisco-Xavier y Annick Lempérière, “Introducción”, ver: Guerra, Francisco-Xavier, Annick Lempérière, et al. Los espacios públicos en Iberoamérica. Ambigüedades y problemas. Siglos XVIII-XIX, México, Fondo de Cultura Económica, 1998, p. 8.
[16] El establecimiento de la legitimidad política de México fue la primera exigencia del grupo periodístico que integró La Sociedad, según lo manifestaron en su editorial del 26 de diciembre de 1857, fecha de publicación del primero número en su segunda época.
[17] A decir de Javier Fernández Sebastián, “El universo conceptual de la política no es en modo alguno un mundo de definiciones ideales, estables y neutras, sino que por el contrario está sometido a toda suerte de tensiones y es objeto de encarnizadas polémicas.”, ver: Javier Fernández Sebastián, “¿Qué es un diccionario histórico de conceptos políticos?”, en:  www.foroiberoideas.com.ar
[18] Fernández Sebastián, Javier, “Política antigua/política moderna. Una perspectiva histórico-conceptual”, en: www.foroiberoideas.com.ar
[19] A juicio de Javier Fernández Sebastián, el historiador del siglo XXI, debe comprender, más que explicar, las distintas situaciones históricas “desde dentro”. Se trata de aproximarse a los mundos conceptuales y comprender los mismos, tal como eran interpretados en su momento. Pues los conceptos, dice Sebastián, “no se limitan pues a designar “la realidad”, sino que, en parte, también la constituyen.” Ver: Javier Fernández Sebastián, “¿Qué es un diccionario histórico de conceptos políticos?”, op. cit.  
[20] N. Pastor Díaz, “Libertad” (El Conservador, Madrid, 1840), en, Fernández Sebastián, Javier, “¿Qué es un diccionario histórico de conceptos políticos?”, en  www.foroiberoideas.com.ar
[21] Fernández Sebastián, Javier, “¿Qué es un diccionario, op. cit.
[22] Oieni, Vicente, “Notas para una historia conceptual de los discursos políticos. Los aportes de la historia conceptual, la genealogía de Foucault y el análisis crítico del discurso a una nueva historia política”, en http://hum.gu.se/insttutioner/romanska-sprak/iberoamerikanskainstitutet/put
[23] Dentro de las palabras que se tomaron en cuenta para el conteo general intervienen: autoridad, católico, civilización, costumbres, demagogia, democracia, Dios, gobierno, liberal, libertad, legitimidad, México, nación, paz, público, pueblo, razón, religión, república, tradiciones, unidad, unión y verdad, entre otras.
[24] Para mayor información sobre el tema de las gráficas y el desarrollo de cada concepto, ver: López Camacho, Alejandra, Entre leyes divinas y humanas. El periódico La Sociedad, 1857-1867, Tesis de Maestría en Historia, Puebla- México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades/ Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2006.
[25] “Actualidades”, La Sociedad, Sección La Sociedad, México, 31 de marzo de 1867, p. 2.
[26] Vera Sánchez, Francisco, “Segunda época de La Sociedad”, La Sociedad, Sección Editorial, T. 1, Núm. 1, México, Sábado 26 de diciembre de 1857, p. 1.
[27] F. V. Sánchez (Editor responsable), “Reflexiones sobre los gobiernos aplicados a la República”, La Sociedad, Sección Editorial, T. 1, Núm. 12, México, Miércoles 6 de enero de 1858, p. 1.
[28] F. V. Sánchez (editor responsable), “Libertad de prensa”, La Sociedad, Sección Editorial, T. I, Núm. 43, México, Jueves 11 de febrero de 1858, p. 1.
[29] Ibidem